Carta al Departamento de Estado de Estados Unidos – Por: Leocenis García

Carta al Departamento de Estado de Estados Unidos – Por: Leocenis García

August 12, 2019 0 By Jeduar Méndez

El coordinador nacional del partido opositor ProCiudadanos, Leocenis García, envió el domingo 11 de agosto una carta abierta, al Departamento de Estado de EEUU, por motivo de la crisis que atraviesa Venezuela.

Carta al Departamento de Estado.
Por: Leocenis García

Caracas, 11 de agosto de 2019.

Estimados señores:

Hace un tiempo, el gran empresario Marcel Granier, envió una carta -entonces secreta- a Hilary Clinton donde le pedía intervenir en un conflicto donde Hugo Chávez presionaba empresas con capitales americanos para sacar del aire a RCTV- un canal de televisión que fue clausurado-.

La respuesta de la administración entonces fue la justificación de no inmiscuirse en ese asunto. Bajo un tecnicismo diplomático la administración del presidente Barack Obama, miró a un lado.

Lo que vino después, todos lo conocemos. Uno a uno, fuimos cayendo como moscas. Primero RCTV, luego los circuitos de radios, finalmente los periódicos – incluyendo el mío: 6to Poder-. Todos, fuimos cerrados, ante la indiferencia de la diplomacia.

Es obvio que las cosas han cambiando. Pocos pueden negar los esfuerzos de la administración de Donald Trump, y del Departamento de Estado, para que sea la acción -y no la indiferencia – quién marque el curso de acontecimientos de una Venezuela donde la democracia ha sido clausurada, y los derechos más elementales ( sacar un pasaporte, acceso a alimentos, acceso a medicinas, o el respeto a la vida y propiedad) están evidentemente comprometidos.

Hoy, cualquier requisito mínimo de libertad económica y respeto a la libre empresa, desapreció en esa caricatura sin legitimidad que Nicolás Maduro comanda.

Sin embargo, es necesario entender la actual Venezuela.

Una nación que nada tiene que ver con los informes interesados de quienes pueden hacer – y pagar- lobby, para vender su verdad. Por cierto, una verdad siempre interesada, donde existimos una enorme masa de opositores enfrentada a cuatro pistoleros del chavismo.

La realidad de Venezuela, es compleja. Pero muy sencilla para desmontar el régimen opresor de Maduro.

Hugo Chávez, en su momento, despertó en los militares una enorme simpatía, por los espacios que le proporcionó en los asuntos de Estado. Desmontando la posibilidad que los generales y altos mandos vinieran casi exclusivamente de la clase media, y permitiendo que hijos de sectores DyE ( favelas o barrios) ascendieran a los más altos puestos del ejército.

Hoy, esa FANB- que por cierto no se puede meter en ese saco de que todos son narcotraficantes y asesinos- muestran sus preocupaciones por la incapacidad del actual mandatario Nicolás Maduro para mantener un mínimo de normalidad en Venezuela.

Estoy muy consciente que los militares desean una salida del Jefe del Estado fallido ( lo llamó así reconociendo que tiene un poder de control militar en un Estado soberano que, ha fallado en la garantía de servicios básicos).

Pero hay varios cabos sueltos para resolver la crisis, y creo que la administración Trump pudiera ayudar a resolver:

1- La realidad de las filtraciones de cualquier plan que acerque a una salida de consenso. Las discusiones por e-mail, el constante rumor de los emisarios políticos que están en contacto con Washington. Una cosa realmente infantil que crean desconfianza entre todos los actores. Especialmente en el sector militar.

2- El ignorar que el propio Maduro debe ser parte de una negociación mínima donde se pacte con él, las condiciones de su rendición. Una muerte honrosa que suponga su salida del poder acordada y en paz. Sin intermediarios, de manera directa.

3- La necesidad de ser coherente con la realidad, aceptando que lo máximo que se puede aspirar en VENEZUELA ahora es una transición. Y una transición supone la convivencia con el viejo stablishment político. Habida cuenta que una transición no es un proceso plenamente democrático ni autocrático, es un paso previo a la normalización democrática.

4- El reconocimiento de la Asamblea Nacional y de su presidente- éste o el que venga – como autoridad de consenso, al fungir como cabeza de un cuerpo diverso, colegido, con fuerzas distintas, y con diferencias ideológicas. El Presidente de la Asamblea Nacional no representa al Frente Amplio, a la MUD o la oposición estrictamente. También representa a quienes fueron elegidos con el voto popular que hoy no se sientan en ese curul y que apoyan al régimen actual.

5- La aceptación que una transición. El jefe de esa junta la colocan -por consenso- quienes conforman y firman el decreto que justifica una acción con el fin de subvertirse el ordenamiento vigente constitucional. Una transición deroga el orden establecido y por la necesidad de restituir el orden democrático, crea un decreto transitorio de convivencia.

6- El entendimiento, práctico, que una transición obliga mínimo dos años, para convocar unas elecciones en un país pacificado. No se puede ignorar procesos como el de Polonia con la elecciones semidemocráticas del 89, o el pacto de la Moncloa en España, y el propio proceso de transición de Sudáfrica con Nelson Mándela.

7- La necesidad de una ley de olvido y perdón. Una Comisión de la Verdad. Pero sobre todo, las garantías para que los más comprometidos con la dictadura puedan abandonarla con los acuerdos mínimos de rendición que en cualquier guerra son necesarios.

8- El establecimiento de un plan económico de transición, absolutamente liberal – que no está en agenda de los partidos de la socialdemocracia- que permita la liberalización de la económica en el periodo de transición, y la adopción de medidas de derrocamiento de leyes como las del trabajo y restricciones a la banca y mercado de capitales. Así como un plan práctico concertado con el Congreso de petición de préstamos al FMI, con la prohibición expresa que vayan a planes populista de asistencia social o gasto público. Así como un periodo rápido de privatizaciones de empresas estatales.

Leocenis García
Coordinador Nacional del Movimiento Prociudadanos